Oscar, su papá, formó parte de su aventura deportiva en Brasil. El compañero de tantas batallas, estuvo con ella una vez más, esta vez en el máximo certamen continental.

 

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Oscar Schell acompaña a su hija de Sofía desde que ella era muy chica y daba sus primeros pasos detrás de una pelota de fútbol. Siempre fue puntal, compañero, defensor de ella y su elección deportiva, en tiempos donde todavía el fútbol parecía ser una cuestión solo permitida o valorada para los hombres.

Sofi desde chica sabe lo que es remar contra la corriente, pero nunca estuvo sola. Su familia siempre estuvo detrás. Y su papá Oscar fue el gran escudero. Para aconsejarla, ayudarla, darle una palmada de aliento después de una derrota o un abrazo emocionado por un grito de gol.

Sofía fue creciendo, Crespo quedó atrás, fue dando pasos que la llevaron a radicarse en Buenos Aires, para vestir la camiseta de la UAI Urquiza, uno de las instituciones que con más firmeza y prolijidad trabaja con el fútbol femenino, entendiendo la importancia de los procesos y los proyectos.

Sofi se dio el gusto de vestir esa camiseta en muchos certámenes no solo nacionales, sino internacionales, siendo, lógicamente, la Copa Libertadores el más resonante por el nivel de los equipos que compiten por ella.

Las actuales campeonas del fútbol femenino de nuestro país jugaron la Libertadores por tercera vez en su historia. La primera fue la edición 2015, donde el Furgón hizo una gran actuación obteniendo la medalla de bronce venciendo por penales a São José (Brasil).

Su segunda participación fue al año siguiente, en la copa disputada en Uruguay. Allí, las furgoneras quedaron eliminadas en primera fase.

Ahora, UAI Urquiza volvió al máximo certamen continental para darle aún más gloria a la institución.

 

En esta oportunidad Brasil fue el país, y hacia Manaos decidió partir Oscar Schell para estar presente en la edición 2019 de Copa Libertadores. En una familia donde económicamente tal vez no sobra nada, porque es una familia de trabajo, de esfuerzo, de sacrificio diario para cumplir con las obligaciones que la vida nos impone a todos en materia económica, el papá de Sofi entendió que él también tenía que estar. Que no podía ni quería dejarla sola.

Y hacia allá fue. Para formar parte de esta aventura deportiva. Para seguir compartiendo la pasión por el fútbol. Para darle nuevamente ese abrazo tan especial que solo un padre puede darle a una hija. En cada victoria. En cada derrota. Como en la vida misma. Siempre.

Fue un capítulo más en la vida deportiva de Sofi. Seguramente no el último. Porque el fútbol siempre da revancha. Por eso, para ella y sus compañeras, será momento de barajar y dar de nuevo. Para empezar a remar otra vez detrás de su máxima ilusión deportiva. Como siempre, su padre estará ahí, cerca, acompañando, diciendo presente, estando para cuando ella más lo necesite.

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